domingo, 11 de marzo de 2012

Historia de la imprenta


El nacimiento de la imprenta se remonta a China, en el año 593, cuando se
reproducen por primera vez y de forma múltiple, dibujos y textos con la ayuda
de caracteres de imprenta tallados en tablas de madera (xilografía). El invento
se debe a los monjes budistas, que impregnaban las tallas de color para
imprimir con ellas sobre seda o papel de trapos. Si bien el primer libro impreso
(un sutra budista con ilustraciones) data del año 868. Esta necesidad de
imprimir libros surge de las disputas entre los eruditos a cerca de la
autenticidad de los textos antiguos, decidiendo a partir de ese momento
reproducir mediante grabado los textos de importancia cultural, para su difusión
popular. Los caracteres móviles de imprenta y, con ellos, la composición
tipográfica, se deben al alquimista chino Pi Cheng (1040). Éste conjugará los
años de tradición de la xilografía con la herencia obtenida durante más de dos
mil años de técnicas de estampación con sellos, creando tipos estándar que
podían fabricarse en serie. Los signos creados correspondían a palabras
completas. Se realizaban con arcilla sobre moldes en negativo y
posteriormente se cocían. Una vez terminados se unían sobre un marco
metálico componiendo frases, unidos todos con masa adhesiva, y se procedía
a la impresión. Con la composición tipográfica surgió un modo de impresión
mucho más rápido y flexible que la xilografía. A partir de entonces, la cultura
pudo llegar a todas las capas de la sociedad.
En 1796, el austriaco Alois Senefelder inventa la técnica de impresión
denominada litografía. Se trata del primer proceso de impresión en plano. Para
esta técnica se emplean como soporte placas de piedra caliza que absorben
las sustancias grasas y el agua, aunque éstas no se mezclan entre sí. Si se
dibuja o escribe sobre dicha piedra con un color graso y acto seguido se
humedece la superficie con agua, ésta penetrará en la piedra sólo en aquellos
lugares no cubiertos por los trazos escritos. Si se aplica después tinta grasa de
impresión sobre la piedra, las zonas mojadas no la aceptan, mientras que
queda adherida al resto de la plancha, pudiendo procederse así a la impresión.
Posteriormente, en 1826, Alois patentaría la litografía en color, logrando una
técnica simplificada para lo que hasta ese momento sólo podía realizarse a
mano. Aunque esta técnica sería mejorada en 1867 por C. Tessie du Motay,
con la fotolitografía, siguiendo las investigaciones de las propiedades químicas
de una cola de cromato sometida a la acción de la luz; investigaciones que ya
habían realizado anteriormente William Henry Fox Talbot (1832)y Alphonse
Louis Poitevin (1855).
En 1884 destaca un hito importante en la historia de la impresión, el invento de

la linotipia por parte del relojero alemán Ottmar Mergenthaler, basado en la

composición totalmente automatizada de los textos. La innovación consistía en

la posibilidad de poder escribir una a una las líneas del texto mediante un

teclado, en lugar de ir componiéndolas letra a letra con sus correspondientes

tipos de plomo manualmente. Así, una vez finalizada la composición de una

línea, se fundía el molde de impresión en negativo, con plomo líquido,

obteniéndose un sello de plomo para la impresión.

En 1904 la técnica de la litografía, y en general y mundo de la impresión, llega

a su punto máximo con el desarrollo de la impresión en offset, utilizada en la

actualidad. El offset fue desarrollado por dos técnicos de forma independiente.

Por un lado el alemán Caspar Hermann y por otro el impresor Ira W. Rubel.

Aunque es Hermann el que obtiene su método a partir de la tradición histórica

de la litografía, Rubel dió también con la invención pero de un modo casual,
tras un fallo de uno de sus operarios en una rotativa.

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